martes, 10 de noviembre de 2015

México, parte II: Cancún y Riviera Maya


La mañana del 25 de agosto la delegación estaba lista para partir hacia Cancún. Hablo de delegación porque entre los pasajeros se encontraban los papás de Michelle, su prima y su abuela, además de Michelle y quien les habla, claro. Llegamos al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, hicimos el check-in de la aerolínea mexicana Volaris y nos encaminamos a la sala de embarque.

 El vuelo de dos horas transcurrió sin sobresaltos y, llegando a destino, se podían divisar las turquesas aguas del caribe por la ventanilla del avión. Al pisar tierra firme, Cancún nos recibió con una tarde nublada y con un calor húmedo y sofocante. Saliendo del aeropuerto, el transporte nos esperaba para llevarnos a nuestro hotel: Barceló Tucancun Beach. Mi primera experiencia en uno de estos hoteles con todo incluido me tenía un tanto emocionada.

Dejamos los bolsos en nuestras respectivas habitaciones y nos dirigimos a uno de los restaurantes del hotel para tener un almuerzo tardío. Una vez satisfechos, nos propusimos aprovechar el mar a nuestra frente. La famosa “invasión de algas” no era un impedimento, se acumulaban en la orilla y una vez pasada esa parte se podía disfrutar del agua tranquilamente. Además, se trataba de algas secas, que no molestaban ni se pegaban al cuerpo. Disfrutamos también de la piscina del hotel, con el bar estratégicamente ubicado a su lado.



Cada noche, en el salón de eventos del hotel había un espectáculo diferente, y ese día, a modo (casual) de recibimiento, había un show mexicano. Un buen número de hombres y mujeres bailaron danzas típicas de diferentes estados como Veracruz, Jalisco y Chiapas, con vestimentas muy bonitas y coloridas. Luego de observar todo el espectáculo, y tomar algunas piñas coladas, volvimos a nuestras habitaciones para descansar.

Al día siguiente decidimos alquilar un auto para poder ir a Xcaret, un parque eco-arqueológico muy famoso por esos lares. Este parque se encuentra a la altura de Playa del Carmen, y hacia allí partió el grupo. Pasamos toda la tarde recorriendo este enorme parque que cuenta con playas, ríos subterráneos y animales varios como tortugas marinas, tiburones, delfines, guacamayos y flamencos. La frutilla del postre es el show que tiene lugar al final de la tarde en un gran estadio cerrado con tribunas a su alrededor. Allí, decenas de actores, acróbatas y bailarines cuentan la historia de México, desde sus inicios con las civilizaciones prehispánicas, pasando por la llegada de Hernán Cortés y llegando a nuestros días, con danzas típicas de casi todos los estados mexicanos. Una vez terminado el show emprendimos la retirada, cansados pero muy satisfechos con el paseo.




Como llegamos tarde para la cena en el hotel, fuimos al centro de Cancún para conocer la vida nocturna y comer algo. Entramos a un bar llamado “Carlos n' Charlie's”, ubicado justo al lado del famoso antro (boliche) “Coco Bongo”. Se trataba de un bar con un ambiente muy particular y animado. Por empezar, había banderas de todas partes del mundo que colgaban del techo, incluida una de Argentina y, más aleatoriamente, una de River Plate. Por otro lado, todos los meseros (mozos) eran de sexo masculino y jóvenes, y todos usaban un pañuelo o bandana en la cabeza. Eventualmente se ponían a hacer algunos pasos de baile y a cantar al son de alguna canción, muy festivo todo. La comida y la bebida tampoco estaban mal. 

Al día siguiente volvimos a la ruta, esta vez para dirigirnos hacia Tulum, 128 km al sur de Cancún. Allí se encuentran las ruinas de una ciudad amurallada de la cultura Maya, en las costas del mar caribe y dentro del Parque Nacional Tulum. Al llegar al parque y salir del auto nos invadió un calor sofocante causado por un sol letal. Encaramos directamente para los puestos de recuerdos a comprar sombreros, o de lo contrario, moriríamos calcinados. Ya mejor preparados fuimos a conocer las famosas ruinas.



Tulum es el sitio más emblemático de la costa de Quintana Roo, debido a su ubicación privilegiada y la excelente conservación de sus construcciones y pinturas murales. Muy cerca de las ruinas, después de bajar unas escaleras, se podía llegar a una playa donde los turistas acalorados como nosotros se refrescaban y disfrutaban del maravilloso paisaje. Allí nos quedamos un buen rato, y hasta recibimos la visita de tres iguanas curiosas y hambrientas.  Llegó entonces el momento de volver a Cancún y al hotel.

   
                                                                      

El cuarto día decidimos quedarnos en el hotel y disfrutar de sus instalaciones y servicios. Con Michelle y su prima nos asoleamos en la piscina, nadamos en las calmas aguas del mar caribe y luego opté por dedicarme un poco al deporte. No dudé en anotarme en un pequeño torneo de Ping Pong organizado para los huéspedes del hotel. Aunque no avancé mucho en la competición, fue divertido y recordé viejos tiempos en los que jugaba seguido. Más tarde se armó partido de Beach Voley y ahí estaba yo, integrando uno de los equipos de voleibolistas amateurs. No recuerdo el marcador final, pero qué importa eso cuando se está jugando sobre las blancas arenas de Cancún.

Por la noche había cena a la carta en uno de los restaurantes del hotel, llamado “Claraboya”, y la especialidad serían los pescados y mariscos, ¡riquísimo! Me gustaría acordarme de los elegantes nombres de los platos, pero es imposible, así que me limitaré a contar que comí papa rellena y camarones como entrada y un rico salmón como plato principal. Originalmente el salmón venía acompañado de “salsa diablo”, imagínense lo picante que podía llegar a ser. Por supuesto, pedí expresamente que la salsa endemoniada fuera excluida del plato. Después de degustar algunos postres, nos quedamos deambulando por el hotel hasta que ganó el cansancio y caímos rendidos en nuestras camas.

¿Ya llegó el ultimo día? ¡¿Tan rápido?! Dicen que lo bueno dura poco, y nuestra bella estancia en Cancún llegaba a su fin. Comimos un desayuno bien completo y pasamos directamente al sector piscina para disfrutar de las últimas horas bronceándonos y viviendo la buena vida. Un par de horas más tarde el transfer nos fue a buscar para llevarnos al aeropuerto. El avión despegó rumbo al D.F. cuando el sol se ponía sobre el horizonte, Cancún quedaba atrás pero los recuerdos serían para siempre.

martes, 8 de septiembre de 2015

México: Aventuras en la tierra del chile, el tequila y los mariachis


Partí la tarde del 11 de agosto sin saber bien qué esperar, no había hecho muchas averiguaciones como suelo hacer antes de mis viajes. Quizás por el hecho de que allá me esperaba una local dispuesta a mostrarme su país: mi amiga Michelle. La conocí en un intercambio universitario que hicimos tres años atrás en Montevideo, Uruguay, donde compartimos el mismo techo. Desde entonces, la idea de visitarla en la Ciudad de México rondaba mis pensamientos. ¡Finalmente podía materializarla!

Llegué temprano la mañana del 12 de agosto y, luego de esperar casi dos horas por los estrictos y lentos controles al equipaje, pude atravesar la puerta y encontrarme con Michelle y su papá. Ella me esperaba con una gran bandera mexicana que no dudé en agarrar y flamear por un momento frente a todas las personas que allí estaban. ¡Qué alegría! El reencuentro se había concretado pero la aventura recién empezaba.

Ya en su casa, pude bañarme y descansar un breve momento porque las actividades ya comenzaban. Junto a su prima y un amigo fuimos hasta Coyoacan a conocer la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera. A pesar del gran reconocimiento que existe sobre la artista en nuestro país, yo nunca me había interiorizado mucho en su historia. Recorrer su antigua casa, leer acerca de sus experiencias y observar sus objetos personales me ayudó para conocer un poco mejor su pesarosa vida. Para terminar el paseo, fuimos a un bar donde comencé a probar la mundialmente famosa gastronomía mexicana. Quesadillas de flor de Jamaica, “totopos” (nachos) con guacamole y cerveza local fue el menú elegido para reponer energías.


Por la noche caí en un sueño profundo luego del cansancio de once horas de viaje y un día que fue bastante activo. Al segundo día ya estaba incorporando las costumbres mexicanas en la mesa (todo menos el picante, claro). De desayuno acepté unas enchiladas de queso y pollo que la tía de Michelle había preparado. Sin salsa “picosa” no estaban nada mal. Más tarde descubriría que el chile está hasta en la sopa. Bueno, en la sopa no sería nada raro. Lo agregan a la fruta, el helado, el pochoclo, la cerveza, las golosinas, etc. La imaginación no conoce fronteras para el uso del chile en México. Pero no todo el mundo come picante y es fácil evitarlo si uno prefiere no “enchilarse”.

Con la panza llena partimos hacia la zona del Bosque de Chapultepec, donde quisimos ir al Castillo pero estaba cerrado al público (por una visita oficial de la presidente de Chile o algo por el estilo). Nos dispusimos entonces a ir al Museo de Antropología. Allí me encontré con la emblemática Piedra del Sol (mal llamada calendario azteca) que, con sus 24 toneladas y 3,60 m de diámetro, es el corazón mismo del museo. Junto a ella, conviven muchas otras piezas que forman parte del valioso legado arqueológico de los pueblos de Mesoamérica.


Luego de tres horas recorriendo el museo nos fuimos a un bonito barrio del D.F. conocido como “Roma”. Muy cerca de allí vimos la Fuente de Cibeles, réplica exacta de la original que se encuentra en Madrid, España. Caminamos después por la “Zona Rosa” hasta llegar al Ángel de la Independencia, un ícono de la Ciudad de México. Cuando se largó a llover nos refugiamos en un café coreano llamado “Coffine Gurunaru”, donde comimos un rico pan con crema y chocolate.

El tercer día tomamos el metro para llegar al centro histórico de la ciudad. Allí caminamos por la Alameda Central y entramos al bellísimo Palacio de Bellas Artes. Después visitamos el Palacio Postal y almorzamos en el encantador Palacio de los Azulejos. Luego, y como ya era costumbre, nos encaminamos a un bar (situado en un 2do piso) para disfrutar de una cerveza y de la vista de la Calle Madero, peatonal llena de comercios y bares especialmente colmados un viernes como aquel. La noche estaba apenas iniciándose porque, poco tiempo después, nos preparábamos para ir a un “antro”, lo que en Argentina llamamos “boliche”. Allí me reencontraría con otro amigo del intercambio: Rodrigo. Recordando viejos y buenos tiempos, degustando tequila con “refresco” y moviéndonos al son del reggaetón, la noche transcurrió muy divertida.




El sábado fue el día elegido para ir a conocer Teotihuacán (lugar donde los hombres se convierten en dioses). Los restos (muy bien conservados) de la que fue una de las mayores ciudades prehispánicas de Mesoamérica impresionan por sus imponentes y enormes templos y pirámides. Luego de subir 238 escalones, en la cima de la Pirámide del Sol aprovechamos para extender nuestros brazos y recargarnos de energía divina. Subimos también a la Pirámide de la Luna y caminamos por la Calle de los Muertos. Exhaustos y acalorados, terminamos la jornada descansando las piernas mientras comíamos sopa azteca y tacos dorados.



El domingo comenzó temprano cuando mi amigo Rodrigo y su novia pasaron a buscarme para llevarme al “Desierto de los leones”. Se trata de uno de los parques nacionales con los que cuenta la Ciudad de México, en las sierras que se ubican al Suroeste. Allí se encuentra un Monasterio de la orden de los Carmelitas Descalzos, que se estableció en sus bosques debido a la paz y tranquilidad natural del lugar. Hoy en día, este parque sirve como recreo y esparcimiento para la población vecina y de la capital.

Por la tarde me esperaba una nueva actividad: navegar por las aguas de Xochimilco en una de sus grandes y coloridas trajineras. Las trajineras son embarcaciones con mesas y sillas que pueden alquilarse por un par de horas para que una gran familia o grupo de amigos disfrute del paseo mientras bebe, come y escucha música de Mariachis: ¡muy divertido! Así pasamos la tarde, tomando cerveza al son de canciones como “Sigo siendo el Rey”, “Cielito lindo” y “El Mariachi loco”.



El lunes 17 de agosto fuimos al famoso Zócalo. Allí observamos la fachada del Palacio Nacional, ya que ese día no estaba abierto al público, y luego fuimos a la Catedral. Aprovechamos e hicimos un breve tour al campanario donde obtuvimos unas bellas vistas e interesantes informaciones sobre la Catedral y sus campanas. Más tarde visitamos la Plaza de Santo Domingo y fuimos al “Salón Corona” a tomar una cerveza y probar los populares “tacos al pastor”: hechos con carne de cerdo cocinada en una estaca giratoria.

Al día siguiente, y tras el primer intento fallido, nos propusimos entrar al Castillo de Chapultepec y así lo hicimos. Único Castillo Real de América, fue construido durante la época del Virreinato y sirvió como residencia al Emperador Maximiliano I de México. Hoy en día alberga el Museo Nacional de Historia, con importantes murales, pinturas y objetos que datan de los tiempos de la independencia y la revolución mexicanas. Al mismo tiempo, se conservan las habitaciones y los mobiliarios de la época en que el Emperador Maximiliano y su mujer, la Emperatriz Carlota Amalia, habitaban el castillo.



Ese mismo día por la noche, mi estómago se mostró resentido por las nuevas comidas que le había estado ofreciendo. Acompañando ese malestar, se sumó un poco de fiebre que me dejó dos días sin recorridos turísticos. Gracias a los cuidados de mi amiga y sus papás, para el viernes ya estaba mucho mejor, justo a tiempo para emprender mi siguiente viaje. Junto a Rodrigo y su amigo Ulises tomamos un “camión” (colectivo) hacia Guanajuato, una pintoresca ciudad situada a 350 km del Distrito Federal.

Llegamos a la madrugada y el encanto de esa ciudad era aún mayor con la tranquilidad de la noche y la luz de la luna alumbrando sus callecitas angostas y sus coloridas casas. Al día siguiente, pude apreciar en grande esa ciudad colonial conocida como la capital cultural de México. Desde lo alto, en el Monumento al Pípila, la vista panorámica era hermosa y cautivante. El fin de semana en Guanajuato transcurrió entre paseos, bares y graciosas charlas con el hermano de Rodrigo, Juan, y su amigo “Refi”, ambos estudiantes de Filosofía en aquella ciudad de cuento.



El domingo por la tarde llegó el momento de volver a la metrópolis. El martes llegaría el ansiado día de viajar a Cancún. Pero ese es tema para la segunda parte de este diario, así que nos quedamos en el D.F. un poco más. Volvimos de Cancún el sábado por la noche y el lunes partía mi vuelo de regreso a Argentina. Quedaba un único día completo para aprovechar. Así fue que el domingo decidimos ir al pueblo místico de Tepoztlan, en el vecino estado de Morelos.

Se trataba de otro encantador pueblo en las montañas, pero bastante más pequeño que Guanajuato. Por la proximidad con el D.F., y el hecho de ser domingo, sus calles estaban colmadas de visitantes. Los puestos callejeros ofrecían comidas de lo más variadas, desde “elotes” (choclos) con queso y chile hasta “nieves” (helados) de diversos sabores. Al final de la calle principal comenzaba el camino (de piedras) hacia la pirámide que se encuentra en lo alto de la montaña. La intención estuvo, pero decidimos no completar la travesía hacia la cima, ¡quizás la próxima vez!



Llegó el lunes y, luego de veinte hermosos días en suelo mexicano, me invadía una sensación agridulce. Estaba feliz por todo lo que había vivido y conocido, pero triste por tener que irme. Ya me había adaptado a México y sus costumbres, había aprendido el vocabulario específico y mi cuerpo se había hecho resistente a las comidas locales. Sin embargo, había que partir. Cómo iba a extrañar a Michelle y su familia, que tan bien me habían tratado. Me hicieron sentir como en mi casa. Con ellos como el mejor ejemplo, pude apreciar que los mexicanos son personas muy atentas y generosas, dispuestas a darlo todo para que te sientas a gusto. Qué lindo es viajar así.

El primero de septiembre llegué al aeropuerto de Rosario con unas ganas locas de volver muy pronto y reencontrarme con mi México querido.

miércoles, 29 de julio de 2015

Próximo destino: México!


Tres años atrás comenzaba mi intercambio universitario en Montevideo, Uruguay. Esa experiencia me dejó muchos amigos, varios argentinos como yo y algunos otros de países como Brasil, Bolivia y México. En todo este tiempo tuve la suerte de volver a ver a muchos de ellos. También pude volver a Montevideo, al hostel donde vivimos cuatro meses y recordar esos momentos inolvidables.



Hoy, tres años más tarde, surge una nueva oportunidad de reencontrarme con los amigos de ese intercambio y de revivir, o intentar revivir, esos momentos imborrables. Me voy para México!! Allá viven dos de mis compañeros de intercambio, de hogar y de alegrías durante esos meses en Montevideo: Rodrigo y Michelle.



Durante la estancia en Montevideo todos nos volvimos un poco más materos y Rodrigo no fue la excepción. Aprendió a querer al mate como un típico uruguayo o argentino. Compró su propio mate y se lo llevó a México para continuar con la costumbre rioplatense. El problema es que le cuesta encontrar yerba por sus pagos y por eso ya recibí un pedido para llevar suministros.

Michelle es una chaparrita super simpática y generosa, amante de los gatos y de la historia del Antiguo Egipto. Ya tengo ganas de verla y compartir unas margaritas mientras recordamos buenos tiempos montevideanos.




No sé muy bien qué esperar de México, escuché muchas cosas, en su mayoría positivas, pero necesitaré sacar mis propias conclusiones. Estaré varios días en D.F., la ciudad más populosa de América, y tendré tiempo para conocer el famoso Zócalo, visitar museos, iglesias y antiguos templos aztecas. Habrá tiempo también para viajar a las paradisíacas playas de Cancún y nadar en sus aguas cristalinas.. qué emoción!!


La gastronomía también me entusiasma bastante. La comida mexicana es muy famosa en el mundo, todos probamos alguna vez el guacamole, un taco o una quesadilla. Pero en México están los verdaderos, los originales, y allí estaré yo para degustarlos, aunque no me simpatice mucho el picante.

Así que aquí estoy, a pocos días de partir, contenta por estar armando la valija una vez más (con ropa de verano, lo mejor). A mi regreso escribiré sobre mis aventuras en tierras mexicanas, así que sigan sintonizados... México me esperaa!!!

martes, 16 de junio de 2015

11 días en New York (Boston y Washington)


DÍA 1    27/5
Después de descansar un poco en el hotel tras el largo viaje, caminamos hasta Times Square, que resulta mucho menos atractivo a la luz del día.
Almorzamos camarones y pescado frito en Bubba Gump.
Luego fuimos hacia el Bryant Park, colmado de gente disfrutando de un lindo día de sol. Más tarde recorrimos la Quinta Avenida, observando las vidrieras de las tiendas, hasta llegar al Rockefeller Center.



                                                                            
                                                                                          DÍA 2    28/5
Tomamos el Metro desde Penn Station hasta el Distrito Financiero: Pasamos por Wall Street, la Iglesia Saint Paul, el Federal Hall, la Bolsa de New York  y el City Hall, la alcaldía de la ciudad de New York.
Luego fuimos al 9/11 Memorial, una fuente de enormes dimensiones con los nombres de los hombres y mujeres que perdieron sus vidas en el atentado. 
Después nos dirigimos hasta Battery Park para tomar el Ferry a Staten Island, un paseo gratutio que permite una vista privilegiada de la Estatua de la Libertad.
Noche: Times Square y cena en TGI Fridays


DÍA 3   29/5
Tomamos el Metro (desde Penn Station) hasta el Central Park (81 y Central Park West). Recorrimos sus senderos hasta encontrar el Castillo Belvedere; luego nos sentamos a contemplar la naturaleza.
Más tarde tomamos el metro hasta la estación del Rockefeller Center y nos dirigimos al Museum of Modern Art (MOMA). Todos los viernes el ingreso es gratutito a partir de las 16 h y hasta las 20 h. (Free friday nights)
Terminamos la visita al museo y fuimos a tomar un rico helado de Ben and Jerry´s en el subsuelo del Rockefeller Center.


                                                                            
DÍA 4   30/5
Tomamos el metro hasta China TownLittle Italy, donde degustamos un canoli y una sfogliatella de Ferrara, una típica y famosa confitería italiana (muy ricos!).
Luego cruzamos el Puente de Brooklyn bajo un cálido sol. Ya del otro lado, comimos un hot dog, apreciamos la hermosa vista y descansamos en el Brooklyn Bridge ParkRegresamos al hotel en metro.
Noche: Cena en Rose´s Pizzería








DÍA 5    31/5

Tomamos el metro hasta Washington Square Park en Greenwich Village. Observamos el arco que caracteriza el parque y la Feria de Ciencias que estaba teniendo lugar allí.
Luego caminamos hasta el Soho e hicimos algunas compras en la calle Broadway.
Después tomamos el metro hasta el Madison Square Park, vimos el Flatiron Building y nos sentamos en uno de los bancos del parque. Cuando comenzó a lloviznar, tomamos el metro de regreso al hotel.





DÍA 6    1/6
Día de lluvia! Tomamos el bus 111 hasta Elizabeth (New Jersey) desde Port Authority para ir a The Mills at Jersey Gardens, un gran shopping outlet de marcas.
Luego de las compras fuimos a comer a IHOP (International House of Pancakes), pedimos sandwiches y un riquísimo waffle con crema de vainilla, frutillas y arándanos. Recomendable!





DÍA 7    2/6
Boston
Viajamos a Boston en un bus de Greyhound que salió desde la terminal de Port Authority (había comprado los pasajes por internet). En Boston visitamos el parque Boston Common, el Boston Public Garden, la Universidad de Harvard y las pintorescas calles Boylstone y Newbury.






                                                                            

                                                                                             DÍA 8    3/6
Tomamos el metro hasta la estación del Museo Americano de Historia Natural. Luego de abonar una módica entrada por el sistema "pay what you can", ingresamos y observamos las exposiciones de animales (muy realistas) distribuidas en los cuatro pisos del museo.
Después fuimos a conocer una nueva parte del Central Park, donde se encuentra el Jacqueline Kennedy Reservoir, el lago más grande del parque.
Finalmente, tomamos el metro hasta la Sexta Avenida (con 23rd y 18th) para hacer algunas compras en las grandes tiendas departamentales Burlington y Marshalls.



DÍA 9     4/6
Washington
Al igual que en el viaje a Boston, salimos desde Port Authority en un bus de Greyhound. En Washington visitamos el Capitolio, el Monumento a George Washington (obelisco), el World War II Memorial y el Lincoln Memorial.




DÍA 10   5/6
Por la mañana fuimos a ByH Photo and Video para comprar electrónica. Es una tienda enorme en la Novena Avenida (esquina con 34th). Tiene una gran variedad de productos y los precios son muy razonables. Por eso había una multitud de personas, pero la atención fue buena y valió la pena.
Luego nos encaminamos a la Grand Central Terminal, la pintoresca y, como su nombre lo indica, gran estación de trenes neoyorquina.
Al final de la tarde subimos al Top of the Rock (lo más alto del Rockefeller Center). El costo de la entrada es de 30 dólares por persona para adultos. Se trata de una vista privilegiada de la ciudad de New York ya que es posible observar el Empire State hacia el Sur y el Central Park hacia el Norte. (Desde el Empire State es muy difícil llegar a ver el Central Park).



                                                                           
                                                                           

                                                                                         DÍA 11    6/6

Último día! Aprovechamos la mañana para recorrer el High Line (un parque construido sobre los antiguos rieles de un tren) y llegar hasta el Chelsea Market, un pintoresco mercado de productos alimenticios.
Más tarde regresamos al hotel, buscamos nuestras valijas y tomamos el metro (línea A desde Penn Station) hacia el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy.

Good bye New York! Hasta la próxima vez...





domingo, 24 de mayo de 2015

5 consejos antes de visitar New York

He aquí algunos consejos a tener en cuenta antes de viajar a la gran manzana:

1- Estudiar el mapa y armar un itinerario:  
New York es una gran ciudad, con más de 8 millones de habitantes y compuesta por cinco barrios diferentes (Manhattan, Queens, Brooklyn, Bronx y Staten Island). Manhattan es la zona donde se encuentran las atracciones más importantes, tales como el Central Park y el Empire State Building. Por lo tanto, la mejor opción es hospedarse en este barrio y poder ir a los puntos turísticos caminando. A su vez, Manhattan se divide en varias zonas distintas, por esto es aconsejable estudiar el mapa de la ciudad antes de llegar. Por otro lado, es muy recomendable armar un itinerario con los lugares a visitar cada día para organizar y aprovechar al máximo nuestro tiempo.


2- Conocer los paseos gratuitos (y casi gratuitos):
Existen varios museos y puntos turísticos que ofrecen entrada libre y gratuita a sus visitantes. Este es el caso del Central Park,Times Square, el puente de Brooklyn y el ferry a State Island. Por otro lado, algunos lugares ofrecen entrada gratis ciertos días de la semana, como por ejemplo el MOMA (los viernes) y el 9/11 Memorial (los martes). A su vez, algunos sitios permiten que el visitante pague aquello que pueda o quiera, tal es el caso del Museo de Historia Natural y el Metropolitan Museum. Así que a anotar estos datos útiles!




3- Agendar los imperdibles:
En New York hay ciertos lugares icónicos que no podemos dejar de visitar. Times Square, el Central Park, la Estatua de la Libertad y el Empire State Building son algunos de ellos. Otra vista privilegiada de New York se observa desde lo alto del Rockefeller Center. En el sur de Manhattan, otro punto que debemos conocer (y atravesar) es el Puente de Brooklyn. Habiendo visitado estos lugares podremos decir que estuvimos en la gran manzana!




4- Pensar en el shopping: 
Además de sus atractivos arquitectónicos y culturales, New York es una gran ciudad para hacer compras. Cientos de marcas locales e internacionales y grandes tiendas departamentales se expanden por las calles de Manhattan, destacándose aquellas de la 5ta Avenida. Pero esta ciudad no sólo es ideal para comprar ropa y zapatos, existen también muchos negocios de electrónica con muy buenos precios. Una buena oportunidad para renovar la notebook o el celular! Por eso es importante dejar un espacio vacío en la valija para poder llenarlo a nuestro regreso con las nuevas adquisiones.






5- Preparar el estómago: 
Cuando pensamos en las comidas típicas de los Estados Unidos la comida chatarra aparece enseguida en nuestras cabezas. Esa es su especialidad, pero no hay nada de malo, la comida chatarra suele ser la más rica! y New York es el lugar ideal para degustarlas. Hamburguesas, hot dogs, pizza, donuts, cookies, chupackes, etc, etc. Existen algunos lugares especialmente famosos donde comer, por ejemplo, las mejores hamburguesas o las mejores donuts de la ciudad. Sólo hay que agendar la dirección e ir a probarlas!